Paisaje soportado – Miguel A. Moreno Carretero
Volver a la pintura no me fue fácil, mi formación en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, fomentó una relación de “amor-odio” a esta manera de expresarme, volver a pintar supone encontrarme con mis primeros pasos. El paisaje es lo único que me queda, me aferro al él e intento buscarme en la sinrazón del arte, en la propia inutilidad de representar aquello que no existe, por que este género en si mismo no es nada mas y nada menos que un trampantojo que nos ayuda a calmar nuestra ansiedad. Entender el territorio como un lugar donde habitar y estar, en definitiva vivir. Mirar y buscar detrás del lienzo para ver si allí sigue el paisaje mirado.
Exponer en Espacio Cartuja, no solo es un compromiso con los gerentes de este lugar. Leonor y Eugenio, son amigos desde que convivimos pintando aquel verano de principios del milenio en el Carmen de la Fundación Rodriguez Acosta. Una amistad que cumple veinte años y que a través de esta exposición exclusivamente pictórica rinde homenaje a esta labor que ellos hacen por la pintura en Granada.
Situarme de nuevo frente a un lienzo supone intentar dibujar o esbozar, la perspectiva de un paisaje versión “au plein air” mientras llevo colocadas en mi cabeza unas gafas 3D que me ofrecen una mirada cenital de todos los paisajes posibles.
Los paisajes posibles que abordo suponen abarcar el propio espacio expositivo a la manera de un taller de color, pensando en los estudios que creadores e investigadores de principio de siglo como Josef Albers o Kandisky, también los actuales como Raoul de Keyser sin olvidar a la recién desaparecida Etel Adnan o compañeros y amigos cercanos como Gloria Martín, Cristina Megía, Ramón David Morales o Fran Baena. Volver a pintar en mi caso es volver a pensar en la relación de la pintura como medio o como instrumento transitorio.
Paisaje soportado en su propia intención semiótica supone un carga, resistir, sobrellevar o incluso sufrir, en definitiva sostener. Y es desde este término desde donde configuro el planteamiento creativo que me ha llevado a cabo en la formulación de esta veintena de pinturas.
En otras lecturas “soportado” también nos conduce al sentido del soporte como elemento donde se configura una pintura, es ahí donde he trabajado, volver al estudio y darle una última oportunidad a aquellos materiales que han convivido conmigo incluso varios lustros y que ahora por fin han decidido salir a escena. Es así como se pueden contemplar maderas de pino, peanas, cartones, telas apulgaradas o un mini bastidor de pintura que en su propia dimensión no se sabe si habla de la pintura o de la escala propia del soporte.
Una vez tuve claro que soportes iban a recibir los futuros paisajes, sometí estos a un procedimiento inconsciente de pintura, textura y forma, sin pretensión alguna, simplemente el propio disfrute del color y la sugestión del momento. Fue así como mi estudio comenzó a empezar a impregnarse de colores planos y olor a trementina.
En este diálogo entre pintor y soporte surge el paso definitivo, y es el de crear con un mínimo elemento la posibilidad de plasmar un paisaje que dialogara con el propio soporte y su impronta pictórica. Sin esperar nada a cambio, sin saber que otro paisaje surgiría en el posterior cuadro, tratando de escribir un diario en el bosque sin brújula pero con una idea clara, que aquella experiencia un tanto dadaísta supondría un pacto con la pintura, aunque sea temporal.
Esta muestra se plantea para el espectador como un visionado logarítmico, un palíndromo donde conviven imágenes que siendo a priori lúdicas en la dirección opuesta podrían suponen una tragedia, un juego simbólico de significados donde emergen nuevas situaciones.
Miradas al subsuelo, sombras ilusorias paisajes y figuras que conviven o por lo menos lo tratan, con el fin de construir una imagen pacífica agradable y sosteniendo o reteniendo el soporte como territorio en este nuevo capítulo de un paisajista indeterminado.
Y es así como surge este proyecto, no sé si modesto, ambicioso o simplemente torpe, mirando de lado que también es mirar cien veces.
Miguel A. Moreno Carretero
















